El recién instalado gobierno de Abelardo de la Espriella enfrenta fuertes cuestionamientos políticos y legislativos tras el devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el 10 de agosto. El origen del choque política La controversia, que motivó citaciones de control en el Congreso de la República, radica en lo que sectores de la oposición y de la sociedad civil califican como una preocupante falta de sensibilidad, empatía e improvisación por parte de altos funcionarios de la administración ante la catástrofe.
Los detonantes de la indignación pública
Paseo del ministro de Vivienda: El ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, designado para liderar la reconstrucción, afronta un pedido de moción de censura radicado por 40 congresistas tras revelarse fotografías suyas en la playa en Santa Marta en plena crisis humanitaria.
Entrega de balones en Buenaventura: El propio presidente De la Espriella ha sido fuertemente criticado por llevar balones de fútbol como ayuda humanitaria a las comunidades damnificadas de Buenaventura.
Falta de empatía en alocuciones: Sectores sociales cuestionaron los gestos y el tono del mandatario en sus primeras apariciones públicas,
señalando una desconexión frente al sufrimiento de las victimas.
Vacío institucional en la UNGRD: El terremoto ocurrió apenas tres días después de la posesión presidencial. El nuevo director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), David Tamayo, tardó dos días en asumir formalmente su cargo. La falta de un proceso de empalme técnico oportuno afectó las decisiones de emergencia prioritarias.